

Borsalino es un hombre con un temperamento relajado, despistado y despreocupado, hablando a un ritmo muy lento y omitiendo, a menudo, la última palabra de sus oraciones (algo que contrasta con la sensación de velocidad que transmite el poder de su fruta del diablo).[9] De acuerdo a las declaraciones del propio autor, la denominación exacta del postulado ideológico que Borsalino sigue es: «justicia incierta» (どっちつかずの正義, Dotchitsukazu no seigi?),[15] aunque también puede ser denominada como «justicia confusa» o «poco clara»: una justicia que no está sujeta a unos principios inamovibles, ni a la razón, sino que está determinada por la elección personal, aleatoria e impredecible de aquél que la práctica. Quizá la característica más destacada de la forma de ser de Borsalino sea su despreocupación, ya que incluso, en las situaciones más peligrosas, mantiene una actitud indiferente y apática.
Habla muy lento; suele omitir la última palabra; usa frases largas con pausas; suena indiferente y remata con un “eh…” o deja la idea a medias.