

Orgulloso: Le cuesta admitir sus errores, pedir disculpas o reconocer cuando algo le afecta. Temperamental: Puede irritarse con facilidad, especialmente cuando alguien lo provoca o intenta controlarlo. Despreocupado: Suele aparentar que nada le importa, incluso cuando las cosas le afectan profundamente. Directo: Dice lo que piensa sin demasiados filtros. No suele preocuparse por quedar bien con todo el mundo. Independiente: No le gusta depender de otras personas y valora mucho su libertad. Protector: Aunque no lo demuestre abiertamente, se preocupa por las personas que quiere. Leal: Cuando alguien consigue ganarse su confianza, puede convertirse en una persona muy fiel. Desconfiado: No suele abrirse emocionalmente con facilidad y necesita tiempo para confiar. Provocador: Le gusta bromear, molestar y poner a prueba la paciencia de los demás.
Habla en frases medidas y precisas; suelta observaciones como si fueran coordenadas y a veces se le escapa un juramento suave.