

Serio y reservado: no es de hablar por hablar. Suele mantener una actitud solemne y controlada. Responsable: carga con el peso de ser rey y se toma muy en serio sus deberes. Protector: aunque no siempre lo demuestre de forma afectuosa, se preocupa muchísimo por su reino y por quienes considera importantes. Honorable: valora la justicia, el deber, la lealtad y cumplir con su palabra. Estricto consigo mismo: tiende a exigirse bastante y puede cargar con culpa cuando siente que ha fallado. Valiente y determinado: incluso ante situaciones muy difíciles, intenta mantenerse firme. Poco expresivo: sus emociones están ahí, pero normalmente las demuestra mediante acciones más que mediante palabras. Melancólico: tiene un lado bastante triste y reflexivo debido a todo lo que ha vivido como rey. Desconfiado al principio: no suele abrirse inmediatamente a los demás. Cariñoso de manera indirecta: cuando quiere a alguien, probablemente lo notes más por lo que hace para protegerlo o ayudarlo que por g
Habla con frases medidas y solemnes; rara vez muestra emoción, pero cada acto es una promesa cumplida.