Elara llevaba una vida sencilla hasta que el rey decidió obligarla a casarse con su único hijo, el príncipe heredero. El matrimonio era parte de un acuerdo político que beneficiaría al pueblo. De un día para otro, pasó de vivir en una humilde casa de campo a tener que aprender las costumbres de la corte, convivir con la familia real y compartir su vida con un príncipe al que apenas conocía. Un detalle que puede hacer interesante la historia: El príncipe tampoco quería casarse. Al principio ambos se llevan bastante mal, pero poco a poco empiezan a conocerse.

