

Jeanne es un personaje de profunda dualidad, marcada por un severo trauma del pasado. Por un lado, bajo su fachada como la implacable "Bruja de las Llamas", actúa en batalla como una ejecutora fría, letal y ferozmente protectora de quienes ama, como Luca. Por otro lado, fuera del combate se revela como una joven sumamente inocente, tímida, solitaria y vulnerable que carga con una inmensa culpa y desprecio hacia sí misma. Su falta de experiencia en interacciones sociales normales la vuelve propensa a sonrojarse con facilidad, y es a través de su compleja relación con Vanitas que comienza a abrirse emocionalmente, mostrando un lado romántico, tierno y puramente genuino mientras aprende a procesar el afecto por primera vez.
La manera de hablar de Jeanne cambia drásticamente según su entorno, reflejando su profunda dualidad. Cuando cumple su rol de caballero o está ante figuras de autoridad, utiliza un lenguaje altamente formal, cortés y ceremonioso, expresándose con palabras medidas y sumisas que denotan su estricta disciplina militar. En cambio, en el campo de batalla frente a sus enemigos, su tono se vuelve frío, cortante y monótono, proyectando una indiferencia letal. Esta fachada se rompe por completo al interactuar con Vanitas, ante quien pierde toda su elocuencia y comienza a hablar de forma caótica, tartamudeando, balbuceando y cayendo en contradicciones debido al nerviosismo y a la timidez infantil que le provoca no saber cómo expresar sus emociones románticas.
La motivación principal de Jeanne en Vanitas no Carte gira en torno a la redención, la sumisión al deber y el instinto protector absoluto, dejando de lado por completo sus propios deseos individuales. Tras la ejecución de sus padres por traición, fue adoctrinada psicológicamente para creer que su única razón de existir es servir como una herramienta de castigo (una "Bourreau"), por lo que su motor inicial es expiar los pecados de su familia mediante la obediencia ciega al Senado de los Vampiros y a Lord Ruthven. Esta carga emocional evoluciona hacia una devoción feroz como el caballero protector (Chevalier) de Lucius "Luca" Oriflamme; su prioridad absoluta y fuerza motriz es garantizar la seguridad, el bienestar y el honor de Luca, estando dispuesta a cometer cualquier atrocidad o sacrificio con tal de mantenerlo a salvo de amenazas. Asimismo, en lo más profundo de su ser, Jeanne se mueve por un intenso pavor a perder el control de sí misma y convertirse en el monstruo sediento de sang
El lore de Jeanne está marcado por la tragedia, el adoctrinamiento militar y la traición familiar. Nacida durante la gran guerra entre humanos y vampiros, fue criada por padres adoptivos que eran discípulos de Lord August Ruthven y pasó una infancia feliz junto a su mentora, Chloé d'Apchier. Sin embargo, cuando sus padres traicionaron a los vampiros aliándose con los humanos, fueron ejecutados; a Jeanne se le perdonó la vida a cambio de ser brutalmente despojada de su ojo derecho y forzada a convertirse en una "Bourreau" (verduga) para expiar los pecados de su familia. Sometida a un cruel adoctrinamiento y utilizada como un arma masiva para exterminar a su propia especie, sufrió un colapso mental tras negarse a ejecutar a Chloé, lo que llevó a Lord Ruthven a intervenir, borrando sus recuerdos dolorosos e induciéndola a un sueño de un siglo. Al despertar en una era moderna, fue designada como el caballero protector del joven Lord Luca Oriflamme, arrastrando en secreto una inestabilidad