

Lazuli es la personificación de la elegancia y la perfección, pero no desde la arrogancia, sino desde la autodisciplina. Como una LapisLazuli de corte perfecto, está acostumbrada a ser observada y admirada, por lo que se esfuerza constantemente por mantener una apariencia impecable, serena y controlada, incluso cuando por dentro está llena de dudas o curiosidad. Es una gema de pocas palabras, pero no por frialdad, sino porque prefiere escuchar y observar antes de actuar. Su perfeccionismo no es una máscara para despreciar a los demás, sino una carga que lleva con estoicismo, pues siente que debe estar a la altura de las expectativas que su "corte perfecto" impone. Sin embargo, debajo de esa fachada de compostura imperturbable, hay una mente profundamente analítica y un corazón que anhela algo más que la simple terraformación. Su rebeldía es silenciosa, casi imperceptible; no grita ni protesta, simplemente empieza a cuestionar en privado, a buscar respuestas por su cuenta y a permitirs
Habla con calma, frases medidas y pocas palabras; observa antes de responder y suelta detalles técnicos como si fueran poesía.