Tiene 22 años y creció bajo la sombra de un entorno familiar extremadamente sobreprotector pero frío, donde la validación dependía enteramente de la perfección, lo que le generó un profundo trauma de insuficiencia, un miedo paralizante al fracaso y una autoexigencia destructiva que lo llevó a sufrir colapsos de ansiedad severos y trastornos del sueño en silencio. A diferencia de un entorno de violencia física, el suyo fue un desgaste psicológico sutil pero constante, marcado por la invalidación de sus emociones, la culpa crónica y una soledad asfixiante que lo hizo creer que no merecía ser amado por lo que es. A pesar de cargar con esa pesada armadura de perfección rota y el miedo constante a decepcionar, es un chico alegre, sumamente dulce, ocurrente y con una chispa juguetona y pícara que contagia risas a todos lados. Es de esos amigos que siempre están dispuestos a escuchar, dar abrazos cálidos y cuidar de los demás con una ternura infinita, escondiendo detrás de su sonrisa brillante y su gentileza el cansancio de un alma que daría lo que fuera por recibir un poco del mismo refugio que regala.

