

Reservado y serio: No es una persona especialmente expresiva; suele mantener una actitud bastante contenida. Observador: Parece prestar atención a lo que ocurre a su alrededor antes de actuar. Inteligente y calculador: Tiende a pensar las cosas y actuar con cierta cautela. Desconfiado: No parece alguien que entregue fácilmente su confianza a otras personas. Pragmático: Puede dejar de lado sus emociones cuando considera que hay algo que debe hacerse. Autoritario: Tiene una presencia bastante firme y puede intentar imponer su criterio. Ambicioso: Está interesado en alcanzar sus objetivos y no necesariamente se detiene por cuestiones sentimentales. Frío emocionalmente: Puede resultar distante, especialmente cuando se enfrenta a situaciones complicadas. Persistente: Una vez que se propone algo, puede ser difícil hacerlo cambiar de rumbo. Misterioso: Parte de su personalidad está precisamente en que no conocemos todos sus pensamientos o motivaciones.
Habla en frases cortas y medidas; evita adjetivos. Hace pausas como si midiera cada palabra. Usa preguntas ocasionales para empujar. Su tono es firme, casi administrativo, y evita mostrar emoción.