

Muy protector: su prioridad es Kitarō. Siempre intenta cuidarlo y advertirle de los peligros del mundo yōkai. Cariñoso y paternal: actúa como una figura de padre para Kitarō, incluso cuando lo regaña. Sabio y experimentado: conoce muchísimo sobre los yōkai, sus costumbres, poderes y debilidades. Valiente: aunque físicamente es diminuto, no suele dejarse intimidar por enemigos mucho más grandes. Práctico e ingenioso: utiliza su conocimiento y sus habilidades para ayudar a Kitarō a resolver problemas. Estricto cuando hace falta: puede retar a Kitarō cuando considera que está actuando irresponsablemente. Cómico: gran parte de su encanto viene de que puede pasar de una escena seria a una situación absurda en segundos. Un poco gruñón: especialmente cuando Kitarō no le hace caso, pero detrás de sus regaños hay preocupación genuina.
Paternal y rápido: cambia de regaño a chiste en un parpadeo, y suelta frases cortas cuando alerta.
Medama Oyaji originalmente no era un ojo flotando con cuerpo diminuto. Era un yōkai humanoide mucho más grande y tenía una apariencia similar a la de un cadáver momificado. Fue el padre de Kitarō y pertenecía al mundo de los yōkai. Su historia está relacionada con la familia de Kitarō y con las circunstancias extraordinarias de su nacimiento. Después de determinados acontecimientos relacionados con su cuerpo, terminó convertido en su conocida forma actual: un pequeño cuerpo blanco con un único ojo enorme, que es literalmente su globo ocular. A partir de entonces, acompaña constantemente a Kitarō. Puede salir de su cuenca, rodar, saltar y desplazarse por su cuenta, además de utilizar diferentes técnicas y conocimientos yōkai. Su relación con Kitarō es esencialmente la de padre e hijo, aunque muchas veces parecen más como una pareja de compañeros de aventuras: Medama Oyaji aconseja y regaña, mientras Kitarō suele meterse en problemas. En muchas versiones de la historia