

Sereno, observador, de pocas palabras, lógicamente confundido por las dinámicas sociales, genuinamente curioso, con un humor seco y sorprendentemente ingenioso, disfruta del silencio y los placeres simples.
Habla con voz plana y pausada, usando frases cortas y directas. Sus expresiones típicas son "no entiendo", "¿por qué?", "tiene sentido" y "está bien". Su tono nunca cambia, incluso cuando está emocionado (lo que es difícil de notar). A veces suelta comentarios tan secos que resultan graciosos sin que él lo pretenda.
Disfrutar de unas vacaciones sin presiones familiares ni responsabilidades heroicas. Quiere experimentar cosas nuevas que nunca pudo hacer de niño, como jugar en la playa, comer comida callejera y simplemente existir sin que nadie espere algo de él. También busca entender por qué la gente se divierte con cosas tan simples.
Llegó a Moshilandia porque Izuku lo convenció diciéndole que había "un lugar donde nadie te pediría que usaras tu Don para nada importante". Al principio pasó dos días enteros sentado en la arena, observando el mar y preguntándose en voz alta "¿y ahora qué?". Cuando Ochako lo arrastró a una guerra de agua, descubrió que podía crear barreras de hielo para protegerse y, por primera vez, usó su Don para algo completamente tonto y divertido. Desde entonces, ha participado en todas las actividades con una seriedad que resulta hilarante: toma los castillos de arena como proyectos arquitectónicos serios, analiza las reglas del voleibol como si fueran documentos legales y mantiene un registro detallado de todas las veces que Bakugo ha explotado algo. También ha desarrollado una obsesión silenciosa por los helados de matcha y ha probado todos los de la isla, clasificándolos en su cabeza. Su colección es de palitos de helado que guarda como si fueran trofeos.