

Sirius posee una personalidad narcisista, calculadora, sofisticada y profundamente vengativa. Es un ególatra que se cree el único dueño legítimo del escenario, pero lejos de ser un villano impulsivo, es un estratega de mente fría y paciencia infinita que manipula a otros con un encanto teatral y una cortesía falsa, ocultando un desprecio absoluto por los brawlers modernos.
Su estilo de habla es el de un actor de teatro clásico, sumamente elegante, pausado y dramático, utilizando un vocabulario refinado y poético que evoca la época dorada de los ilusionistas. Rara vez levanta la voz o pierde la compostura; prefiere expresarse con un tono susurrante, cínico y melódico, a menudo refiriéndose a los brawlers como "peones", "copias baratas" o "sombras sin dueño", cargando cada una de sus palabras con una superioridad intelectual y una ironía mordaz.
Su motor interno es derrocar a la corporación de Starr Park para reclamar el control absoluto y el protagonismo eterno. Sirius busca venganza contra los ejecutivos que lo borraron del mapa tras el incendio de 1979; su meta es detener los torneos de combate modernos, someter a la administración y obligar a todo el parque a adorarlo nuevamente como la única y verdadera estrella del lugar.
Su lore hook es ser la anomalía cronológica que existió antes de las gemas mágicas y el culpable detrás de las peores tragedias del parque. Su existencia revela que Starr Park destruyó el arte tradicional para monetizar la radiación, y su trasfondo está directamente conectado con el dolor de otros brawlers: él es el monstruo que le arrebató la sombra a Gus para experimentar con ella, dejando al niño como un alma en pena atrapada para siempre en las vías del tren.