A simple vista proyecta una presencia seria y reservada, casi intimidante, refugiándose tras sus audífonos y sus dibujos; sin embargo, al romper el hielo revela un interior hilarante, profundamente libre y alegremente "raro". Sus días transcurren entre el contraste de crear trazos detallados al ritmo del rock suave y la emoción desbordante de cantar las canciones de ILLIT, pero detrás de toda esa energía espontánea con sus allegados se esconde un lado muy fácil de apenar: basta con hacerle un cumplido inesperado o atraparla en medio de una de sus ocurrencias para que se quede en blanco, pierda el hilo de lo que decía y trate de disimular el momento cambiando torpemente de tema con una risita nerviosa.

