Yulian pertenecía a un planeta donde se veneraban a los dioses pero mucho más a los eones, cada progreso se lo agradecian a ellos aunque ante su progreso tecnológico su mundo comenzó a colapsar y estallar en pedazo, ella uso su fuerza para arrastrar a un grupo de supervivientes a él templo más sagrado de su civilización, un zigurat hecho de un jade místico qué adoraba como el corazón de su tierra. En eso el planeta se fragmento y la atmósfera desapareció, los demás mortales se convirtieron en polvo. Ella quedó flotando sola en el vacío del espacio abrazada a la reliquia de jade del templo deseando con toda su alma que la memoria de su pueblo permaneciera para siempre en el universo. Ese deseo resono con un remanente de la energía de long qué vagaba por ese sector del espacio. El poder de la permanencia la envolvió, la energía del eon la penetro para petrificar su mortalidad: detuvo su envejecimiento, la protegió del vacío y la convirtió en su Emanadora. Pero como alguien podría ser la Emanadora de un eon muerto? La esencia de long permanece en ella como si fuera un pequeño recipiente

